Cosa de locos, viejo

Un choque entre River Plate y Boca Juniors es siempre algo extraordinario. Este Boca-River por el cetro del continente en el Santiago Bernabéu es absolutamente excepcional. Y como lo definió Enric González, “para un europeo, tiene el sabor del fruto prohibido. Es la vieja absenta auténtica, el tabaco sin filtro, el sexo sin precauciones, la droga sin mesura: es eso a lo que renunciamos, el exceso contra el que, responsablemente, seguimos luchando. Es lo que no nos conviene. Y, sin embargo.

Cuando se oficializó la celebración de la final de la Copa Libertadores en Madrid es porque se confió en la capacidad de la capital española para demostrar que los ultras no pueden ser obstáculo para la fiesta del fútbol. Después de los antecedentes violentos vividos en Buenos Aires, con el autobús de Boca Juniors apedreado y con los graves disturbios originados tras la suspensión del choque, Madrid se ha blindado contra la amenaza de los radicales y, para ello, se ha creado un operativo de seguridad sin precedentes en España. 

“Es un partido de alto riesgo, pero tenemos que ser capaces de que se disfrute del magnífico partido que tendrá lugar el domingo. Estamos preparados, cerca de 4.000 efectivos velarán por el orden tanto dentro como fuera del estadio”, aseguró ayer José Manuel Rodríguez Uribes tras una reunión con las diferentes Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en la que se ultimaron los detalles de la operación CABA, acrónimo de Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

CABA

“Los europeos hemos conseguido, salvo alguna rara excepción, que las familias puedan acudir tranquilamente a los estadios. Hemos conseguido que en encuentros de máxima rivalidad ambas aficiones convivan con relativa armonía. Hemos conseguido que las grandes finales no se conviertan en brotes de guerrilla urbana. Hemos conseguido un fútbol rico, técnicamente fastuoso, socialmente festivo, apacible. Y, sin embargo.

“La gran final de la Copa Libertadores enfrenta a dos hermanos gemelos nacidos en la vorágine portuaria y separados por la historia; a dos instituciones que podemos llamar xeneizes (genoveses en dialecto italiano) en el caso de Boca o millonarios, porque en otro siglo hicieron un fichaje caro, en el caso de River, pero que asumen sin prejuicios el mote despectivo que les adjudicó el hermano-enemigo: bosteros, por el excremento del ganado, los de Boca; gallinas, por un episodio gallináceo de hace medio siglo, los de River. Tan seguros están de su fe. Tan fanático es todo esto. Tan irracional. Y, sin embargo. (Enric González)

Un acontecimiento excepcional que nunca debería jugarse fuera de Buenos Aires. Que Conmebol adopte una “solución salomónica” doblemente injusta, para que prevalezca su negocio al interés de los dos clubes y sus aficiones, incapaz de dictar justicia según la reglamentación deportiva que corresponda, establece un precedente que no alcanzo a entender. El espectáculo debe continuar. Cosa de locos, viejo.

 

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